Nuestra izquierda y el laberinto petrolero

1Todo parece indicar que la hora de la reforma energética ha llegado. Desde hace varios días la maquinaria propagandística del gobierno está en marcha. Sin duda se está preparando el terreno para abordar la que se anuncia como la reforma más importante del sexenio.

En los medios ha trascendido que la iniciativa gubernamental será presentada en los próximos días, para presumiblemente ser discutida en un periodo extraordinario de sesiones, durante la segunda quincena de agosto.

Si bien la reforma energética es uno de los acuerdos incluidos en el pacto por México, su contenido y su redacción son lo suficientemente ambiguos para no decir nada concreto y así dejar contentos a todos los firmantes.

En el Pacto se establecen postulados y frases tan genéricas como que “se impulsará una reforma energética que convierta a ese sector en uno de los más poderosos motores del crecimiento económico”; o que “los hidrocarburos seguirán siendo propiedad de la Nación”. Lo más concreto resulta el compromiso 57, en donde se afirma que se creará “un entorno de competencia en los procesos económicos de refinación, petroquímica y transporte de hidrocarburos, sin privatizar las instalaciones de Pemex”.

Si la maquinaria en pro de una reforma para abrir el sector energético ya está en marcha, la de los opositores también se ha echado a andar –y antes incluso que la del propio gobierno–. Además de ser un tema muy sensible para una parte importante de la población, es el último gran mito revolucionario, así como la bandera preferida de algunos líderes políticos de nuestra izquierda, destacadamente Cuauhtémoc Cárdenas (por obvias razones) y de Andrés Manuel López Obrador.

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Y en este sentido, resulta verdaderamente preocupante la pobreza argumentativa de algunos de estos líderes, cuando no sus posturas francamente embusteras[1] Si los argumentos que pretende presentar nuestra izquierda se limitan a oponerse a la reforma para evitar que se “despierte el México bronco”, como dijo recientemente Jesús Zambrano, o que si se permite que los privados entren al sector petrolero, se abriría un boquete en el presupuesto federal de un cuarenta por ciento –debido a lo que supuestamente dejaría de pagar Pemex al fisco, como si los particulares no pagaran impuestos–, como han afirmado en reiteradas ocasiones el propio AMLO o Martí Batres; si ese es el caso, mal andamos.

Si este va a ser el nivel de argumentación de nuestra izquierda para oponerse a la reforma energética, indudablemente van a perder el debate de ideas. El resultado previsible es que los demás actores –entiéndase el gobierno, junto con el PRI y el PAN– van a terminar ignorando sus propuestas (si eventualmente las presentan). Y con este tipo de declaraciones, dichos líderes no hacen más que reflejar su pequeñez y falta de ideas.

¿En verdad no hay más recursos –humanos e intelectuales– en nuestra izquierda? Mal andamos entonces como país. Como una simple recomendación, se me ocurre decirles que dejen de voltear al pasado y echen una mirada a los países gobernados por la izquierda (y no me refiero precisamente a la Bolivariana).

Publicado en SinEmbargo.mx, 29 de julio de 2013

Acerca de José Carbonell

Abogado y Politólogo. Master en Políticas Públicas, The Johns Hopkins University-UPF. Candidato a Doctor en Ciencias Políticas y Sociales (Universitat Pompeu Fabra). Candidato a Doctor en Economía Pública (UNED). Profesor de la Facultad de Derecho UNAM. Consultor.
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