Una historia de corrupción e impunidad

1Cuentan los más viejos del lugar –aquellos que todavía conservan el sentido de la dignidad y de la vergüenza– que era (y continúa siendo) un proyecto muy noble, abierto a toda la población. Un proyecto que desde siempre atesoró los mejores valores educativos. Que ha prestado (y continúa prestando) invaluables servicios, ya que es la mayor institución de educación superior y media superior de la entidad.

Sus antecedentes se remontan al Siglo XVI y emanan del humanismo de Vasco de Quiroga, y de los ideales de Miguel Hidalgo o José María Morelos; del laicismo y de la educación pública.

Cuentan los más veteranos que hace no muchos años, un grupo sin escrúpulos se hizo con el control del sindicato de trabajadores de la institución. Sin duda el instituto tenía problemas, como cualquier instancia de su envergadura, pero a partir de ese momento todo empezó a torcerse.

El poder de esa agrupación –y en especial de su líder– alcanzó niveles inéditos. En pocos años doblegó a las autoridades universitarias y logró imponer a más de mil trabajadores. La plantilla creció casi un 40 por ciento. La institución no necesitaba a estos trabajadores, pero el líder sindical sí: le resultaba un negocio redondo. Cada plaza era vendida en sumas verdaderamente escandalosas: entre 250 y 350 mil pesos. Sí, sí, no hay ningún error, un cuarto de millón de pesos, al menos.

No hace falta que hagan las cuentas, ya las hago yo: entre 250 y 350 millones de pesos, únicamente por la venta de plazas. Cuentan, asimismo, que durante el último año de la pasada administración, dicho líder logró la gran hazaña de “meter” a casi 700 trabajadores bajo dicho esquema.

Parece ser que el actual Rector –en un acto inédito de valentía, lo cual no abunda por esas tierras, según dicen– se atrevió a poner fin a este negocio. Como es de suponerse, al líder sindical y a su grupo no les gustó en lo más mínimo, y en tiempos recientes se han dedicado a sabotear los trabajos de la institución: principalmente a través de amenazas y de huelgas sin razón.

Por el momento, el Rector está aguantando el envite, y la buena noticia es que cada vez recibe mayor apoyo por parte del alumnado. Las autoridades políticas y administrativas del Estado, cómplices o cobardes ante el poder de este gremio, lo han dejado en la mayor de las orfandades. Cual Quijote frente a los molinos.

Cuentan los más viejos del lugar –aquellos que todavía conservan el sentido de la dignidad y de la vergüenza– que era (y continúa siendo) un proyecto muy noble, que sin duda vale la pena rescatar de la voracidad de este grupo. Cuentan también que es un claro indicador del nivel de desgobierno que ha alcanzado el Estado.

El viernes pasado un grupo bastante numeroso de alumnos dijo basta y decidió dar un paso adelante. Alzó la voz en defensa de su Universidad y tomó la decisión de no permitir más abusos.

Creo que hay que sumar nuestra voz a la de ellos (y a la del valiente Rector), para empezar a corregir todo aquello que está podrido en nuestro México. ¿Si no somos nosotros mismos, entonces quién?

Ah, y por cierto, esta historia se desarrolla hoy en día en Michoacán.

Publicado en SinEmbargo.mx, 10 de junio de 2013

Acerca de José Carbonell

Abogado y Politólogo. Master en Políticas Públicas, The Johns Hopkins University-UPF. Candidato a Doctor en Ciencias Políticas y Sociales (Universitat Pompeu Fabra). Candidato a Doctor en Economía Pública (UNED). Profesor de la Facultad de Derecho UNAM. Consultor.
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