Arrancan las campañas, ¿termina la simulación?

Finalmente esta semana comienzan las campañas electorales como tal. Termina el periodo de silencio, en donde los candidatos supuestamente no podían realizar actos electorales.

A partir del viernes, veremos a los aspirantes a ocupar la Presidencia de la República, al Senado y a la Cámara de Diputados arrancar una carrera de noventa días para seducir y convencer al electorado. Ahora sí oiremos todo tipo de propuestas, desde las más disparatadas y absurdas hasta, esperemos, algunas sensatas y atinadas para el desarrollo del país.

Se pondrá fin así al periodo de intercampaña. Una etapa que fue una ocurrencia que nuestros legisladores se sacaron de la chistera en la reforma electoral de 2007-2008. La intención era regular de forma estricta la duración de las precampañas y reducir el tiempo de las campañas. Sin embargo, dejaron en medio un espacio de prácticamente cuarenta y cinco días que invita a la trampa.

No nos engañemos, los políticos siempre están en campaña. ¿O acaso durante las últimas semanas los candidatos no han estado haciendo proselitismo? Habría que preguntarnos si en verdad es posible (y sensato) evitarlo.

Será la primera vez que una disputa por la presidencia se lleve a cabo con estas reglas. Lo que veremos será parecido a lo que ocurrió en las elecciones intermedias del 2009, sólo que amplificado de forma exponencial por encontrarse en disputa un “premio” mucho mayor.

Por un lado, seremos víctimas de una gran cantidad de anuncios, repitiéndose una y otra vez hasta el cansancio, en donde se privilegia la imagen y se dejan a un lado las propuestas de fondo. La ya conocida “spotiza”. El resultado será –como ocurrió en el 2009— una especie de anestesia y hartazgo en el electorado.

Por otro lado, ante la prohibición de comprar tiempo en radio y televisión, experimentaremos una especie de guerra soterrada, en donde –con los recursos públicos que les aportamos a los partidos y con dinero de los particulares, no reportado y por tanto ajeno al control de la autoridad electoral— se comprarán espacios en los medios, disfrazados de noticias en favor del candidato-cliente, entrevistas a modo con un presunto interés informativo y un largo etcétera surgido del catálogo de triquiñuelas de nuestros dirigentes.

El resultado será el mismo que padece la política nacional desde hace años: un verdadero ejercicio de simulación. La regulación electoral vigente invita (e incita) a la trampa. A darle la vuelta.

Lo curioso –por llamarle de alguna forma— es que los partidos y los dirigentes que aprobaron dicha normatividad son los mismos que actualmente se empeñan en burlarla.

Arrancan las campañas, pero no termina la simulación.

Publicado en SinEmbargo.mx, 26 de marzo de 2012

Acerca de José Carbonell

Abogado y Politólogo. Master en Políticas Públicas, The Johns Hopkins University-UPF. Candidato a Doctor en Ciencias Políticas y Sociales (Universitat Pompeu Fabra). Candidato a Doctor en Economía Pública (UNED). Profesor de la Facultad de Derecho UNAM. Consultor.
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