¿Dónde están nuestros legisladores?

En las últimas semanas hemos visto que se han ido acumulado los pendientes del Poder Legislativo, asuntos fundamentales para el futuro del país: la reforma sobre Derechos Humanos, la ley para combatir los secuestros, la de seguridad nacional, la reforma política, la que facilitará el combate a los monopolios, etcétera.

Como ciudadanos resulta pertinente que nos preguntemos dónde está nuestro Congreso y qué están haciendo nuestros representantes.

De acuerdo con la Constitución, el Poder Legislativo mexicano sesiona durante dos periodos ordinarios, los cuales empiezan el primer día de los meses de septiembre y de febrero, respectivamente. No pudiendo prolongarse más allá del quince de diciembre –excepto cuando el Presidente de la República inicie su mandato, en cuyo caso podrá extenderse hasta el 31 del mismo mes— y el 30 de abril. Es decir, en situaciones normales nuestro Congreso únicamente se reúne durante seis meses y medio al año.

La respuesta a la primera interrogante –qué hace el Congreso actualmente— es que nuestro parlamento, a pesar del trabajo pendiente, se encuentra en receso.

Prácticamente desde el inicio del México independiente, “se ha optado por que el Congreso esté reunido el menos tiempo posible, para evitar el desgaste político de la crítica parlamentaria al gobierno. La tendencia que ha prevalecido ha sido la de sesionar durante pocos meses, con resultados que van más allá de lo previsto por quienes sólo se preocuparon por facilitar la acción del Ejecutivo.”[1]

El texto original de la Constitución de 1917 establecía un periodo de sesiones legislativas de solamente cuatro meses.

Tal vez los periodos tan acotados tuvieron alguna razón de ser en el pasado –cuando la labor de los representantes y en general la tarea parlamentaria era mucho más simple. Sin embargo, en la actualidad, tener a las Cámaras legislativas funcionando únicamente de medio tiempo parece ser un lujo excesivo para el país.

Con los periodos de sesiones tan breves se rompe la continuidad del propio trabajo legislativo, impidiendo el análisis detallado y el correspondiente debate de las iniciativas. Además dificulta una de las tareas fundamentales de los parlamentos modernos: la fiscalización y el control político sobre el Poder Ejecutivo.

De hecho, si revisamos el funcionamiento de los Congresos de otros países, México destaca precisamente por los periodos de sesiones tan reducidos. Dentro del derecho comparado, encontramos desde los nueve meses que sesiona el parlamento argentino, hasta los que lo hacen de forma prácticamente continua, como los legislativos de Uruguay, Colombia, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y un larguísimo etcétera.

Se puede argumentar –y con razón— que ampliar el tiempo en que sesiona el Congreso no necesariamente se va a traducir en un mayor y un mejor trabajo legislativo. Sin embargo, la brevedad de dichos periodos sí garantiza que no haya tiempo para realizar el trabajo, y que una buena parte de los asuntos se dejen para “el próximo periodo”.

Y esto tiene importantes consecuencias, tanto para el propio Congreso, como para la sociedad. Como atinadamente apunta Josep Colomer:

El Congreso mexicano es extremadamente débil, sobre todo debido a la brevedad de los periodos de sesiones (…), lo cual reduce en gran medida las oportunidades congresuales de desarrollar sus propias iniciativas. Este elemento es tan crucial que cabe incluso temer que el propio cambio político se demore o se aplace por falta de tiempo de los congresistas de elaborar, discutir y aprobar las correspondientes reformas constitucionales y legislativas. La reforma constitucional para ampliar los periodos de sesiones del Congreso mexicano podría considerarse casi como una condición necesaria para hacer viable el conjunto de las reformas[2]

La respuesta a la segunda cuestión –en dónde están actualmente nuestros legisladores y qué hacen— tampoco nos llama al optimismo. En teoría, están trabajando en las comisiones legislativas[3] –que son los comités en donde se desahoga buena parte del trabajo parlamentario—, las cuales funcionan de forma ininterrumpida, y están obligadas a reunirse por lo menos mensualmente.

En realidad, a nuestros representantes –con algunas notables excepciones— les estamos pagando mientras llevan a cabo tareas ajenas a su mandato. La mayoría están metidos en la pelea electoral que viven los estados, otros haciendo labores de “gestión”. Todo menos el trabajo para el que los elegimos. De hecho, en las últimas semanas hemos visto que buena parte de las reuniones de las comisiones han sido canceladas por falta de quórum. Es decir, debido a que los legisladores no se presentaron.

Hace unos días estuve revisando las iniciativas para reformar la Constitución, presentadas por nuestros Diputados desde 1997. Uno pensaría que nuestros representantes, conscientes de estos problemas, presentarían propuestas para ampliar los periodos o inclusive hacer permanente el trabajo parlamentario. Lo que me encontré es algo muy diferente: algunos diputados han planteado incluso la necesidad de reducir los requisitos para terminar antes los periodos de sesiones. Es decir, para poder trabajar aún menos!

Insisto: ¿Dónde está nuestro Congreso? ¿En qué están pensando nuestros representantes?

Publicado el 10 de junio de 2010, en la Revista Nexos en Línea http://redaccion.nexos.com.mx/?p=1499 


[1] Valadés, Diego. El control del poder. IIJ/UNAM, México, 1998, pág. 375.

[2] Colomer, Josep. Reflexiones sobre la reforma política en México. Documento de trabajo # 141, División de Estudios políticos, CIDE. México, 2001, pág. 12.

[3] Además de aquellos legisladores que pertenecen a la Comisión Permanente.

Acerca de José Carbonell

Abogado y Politólogo. Master en Políticas Públicas, The Johns Hopkins University-UPF. Candidato a Doctor en Ciencias Políticas y Sociales (Universitat Pompeu Fabra). Candidato a Doctor en Economía Pública (UNED). Profesor de la Facultad de Derecho UNAM. Consultor.
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Una respuesta a ¿Dónde están nuestros legisladores?

  1. leytitta dijo:

    el que trabajen alredor de 6 meses, es relativo. Y al ver el canal de congreso; la toma de tribuna por cualquier estupidez, interumpir el orador o ignorarlo, estar leyendo mensajes, platicando, comiendo, durmiendo, ofendiéndose, gastan mucha saliva, y pierden el tiempo. Y las reformas que tienen más de 10 años seguiran esperando

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